jueves, 4 de diciembre de 2008

Agonía

Rápido e incontrolable
late su corazón.
El ritmo de su respiración
se adueña de su cuerpo
que yace desnudo, tiritando,
confundido,
aislado de amor.
Da vueltas en la cama,
reza y recuerda.
Vuelve a rezar, se acomoda
en un rincón y duerme.
Despierta confundido,
maldice desde el dolor,
se escucha
a él mismo herido
y maldice nuevamente.
Toma agua,
escupe y respira.
Respira hondo,
pero no llega asfixiar
su corazón.
Maldice el cielo,
cierra sus ojos
y por fin duerme.
Duerme eternamente
.

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